lunes, 19 de agosto de 2013

CAPÍTULO LVII - EPÍLOGO


Domingo, 27 de Octubre de 2024. Hoy es un día primaveral, pleno. Convencí a madre y a Federico para acompañarme a llevar el Huayra al Club de Veleros Barlovento, donde un interesado lo sacará a tierra para revisar el fondo. Sujeto a esa verificación, la operación estaría confirmada. Patear más de un año la decisión de venderlo no fue fácil. Mi excusa: no terminé mi libro. Madre: los libros no se terminan nunca. Resultado: quedó incompleta la última etapa.  Realidad: dejarlo inconcluso era como seguir navegando con Papá. Debo terminarlo, lo prometido obliga. Pacta sunt servanda, latinazgo que Papá soltaba con frecuencia. Era lo último que me faltaba hacer para desprenderme del pasado y lanzarme por mis propias rutas. Lanzarnos todos. Mamá con su compañero, un psiquiatra macanudo, a pesar de. Federico y yo, casados hacía un año. Era hora de tener hijos. El libro, ya editado, esperaría curiosos en algunos anaqueles.
Navegamos a motor, y comimos tartas preparadas por madre. Descorchamos un tanat uruguayo, supérstite de aquellos años. ¡Qué mejor despedida! Brisa del norte, río calmo, temperatura templada. Debería agradecerles a madre y a Federico la compañía en el último viaje. Me sonaba a cortejo fúnebre. Sé que ellos percibieron algo semejante. El río lucía mil veleros. Desde algunos nos saludaban, reconociendo al Huayra por su color amarillo. Amigos anónimos de Papá, extraños. ¿Despedían a su barco conociendo en qué andábamos? Tomamos amarra y les dije a madre y a Federico que me quedaría a bordo. Necesitaba estar sola las últimas horas. Mañana al mediodía vendrá el comprador. Los despedí con cariño.
Bajé a la mesa de navegación. Escribí a lápiz en el cuaderno de bitácora, siguiendo una liturgia apropiada al ámbito de los recuerdos de Papá. Así me despedí de los últimos ecos de sus pasos. Terminé el último capítulo en una noche muy calma, acompañada en el atardecer por el canto de los ruiseñores, no paré hasta el crepúsculo matutino cuando, con el canto de las calandrias, caí sobre la cucheta y me dormí.
                                                                                                                                                *                                                     
¿He vuelto del más allá? ¿Dónde estamos padre? ¿Fue un rayo de sol el destello en mis ojos dormidos? ¿Todo está igual, nada ha cambiado, como en el tanguito que te gustaba cantar? El café, más rico que nunca. Papá, sentado a mi lado, al borde de mi cucheta. Papá casi abrazándome. Papá entre el crujido de los mamparos, el cascabeleo de las cacerolas, el chiflido de las rachas, las cachetadas de la vela hecha jirones. Papá a los gritos, balbuciéndome al oído,
estamos muy cerca de la costa, en poco tiempo sentiremos el golpe de las piedras en el casco, esos islotes, Las Toscas, frente al balneario de La Floresta, habitualmente afloran, traté de visualizarlos asomándome como pude, se que están ahí, muy cerca, pero la marea está alta y el mar agitado y mis putos anteojos rotos no me han permitido ubicarlas, en la penumbra no pude ver las rompientes, la pantalla del GPS se tildó, consideré la posibilidad de entregarme, de entregarnos, el Huayra y yo, pero vos estás a bordo, no quise arriesgar tu vida,,, mañana cumplo noventa,,, la playa está cerca, imaginé quedar varados en las piedras, destruyéndonos, el Huayra y yo, mientras vos alcanzabas la orilla arrojada por el mar,,, si hubiera estado seguro de ese final te hubiera dicho dormí, dormí tranquila, todo está bien, en tu café media pastilla de lexotanil garantizaría tu sueño profundo, tres o cuatro horas, hasta el golpe de las piedras,,, despertarías con tus energías recuperadas, llegarías a la playa, dejándote llevar, sin nadar, sin esfuerzos,,, ¿pero qué garantías tenía yo de que las cosas sucederían así?,,, estaba en juego tu vida, ¿qué seguridad tenía de que me obedecieras?,,, sospeché una discusión entre nosotros, rematada con un argumento tuyo irrebatible, aluciné tu voz interrogando ¿si no estás dispuesto a abandonar tu barco, por qué debo yo abandonar a mi padre?,,, desistí rápido de esa idea alocada,,, ¿deseaba yo un final como ése para la aventura que vivía?,,, ¿Lo buscaba? ¿Tenía yo la libertad del narrador para elegir el final de su novela?,,, la vivía, no la escribía,,, realidad, no ficción,,, ahora te diré qué haremos, mejor dicho qué harás, yo estoy exhausto, mi físico está agotado, sólo trabajaré con mi cabeza, con el aporte de mi experiencia, no te exigiré más de lo que puedas dar, tu lugar de ahora en más será la cubierta, yo quedaré en cabina, en la mesa de navegación, siguiendo la posición del barco en la carta náutica, ya no hay ‘plotter’, confiá en mis cálculos y estimaciones, habrá errores, pero la navegación es la ciencia de corregir errores,,, haremos lo siguiente, primero aliviarás tus vísceras, ya, como puedas, menudo ejercicio tendrás que hacer, tomate tu tiempo, lo tenemos, te pondrás el chaleco salvavidas, me darás un beso antes de subir, te sujetarás con el cinturón de seguridad, afirmalo donde puedas, encenderás el motor, lo llevarás a dos mil quinientas revoluciones, espero que arranque, superar Piriápolis te llevará varias horas, será difícil, el viento sopla por el través y te abatirá contra el puerto, dejá un respeto de dos millas, o más, me juego a que podrás hacerlo, tendrás que remontar olas enormes, con rompientes, barrerán la cubierta, tendrás que agarrarte de donde puedas, con todas tus fuerzas, no hay peligro de que caigas al agua, el cinturón te retendrá, no le des más de dos metros, flotarás en la bañera del cockpit como si estuvieras en el mar, sentirás el agua fría penetrarte el cuerpo, no hay Patagonia ni paños que aguanten, no tengas miedo, alejados de estas piedras no hay mayores peligros, imaginate practicando un deporte de alto riesgo, de esos que se hacen sobre las olas que rompen en las playas, o en las cumbres nevadas, o en los ríos torrentosos, hasta te divertirás,,, cuando quedes libre del peligro de las puntas de Piriápolis, bajá las revoluciones a mil doscientas, seguí unos minutos a palo seco y motor, cuando puedas correr nuevamente el pampero, cuando sientas el viento en tu espalda, la situación estará superada, apagá el motor y, con cuidado, sujetando con fuerza el cabo del desenrollador soltá la vela de proa apenas, no más de dos metros, dejá un pañuelito, te permitirá controlar mejor el timón, pasarás Punta Ballena, verás la Isla Gorriti, metete en la bahía dejándola a estribor, ahí, llegando al socaire de la isla me avisás, entonces yo saldré sacando fuerzas de donde pueda, al reparo de la isla enrollaremos la vela, a motor buscaremos la mejor posición para fondear, cuidado con los pesqueros que habrán buscado igual abrigo, largaremos los dos fondeos que están a proa, asegurándonos de no garrear, y allí nos quedaremos el tiempo necesario hasta que amaine,,, este turno tuyo será de diez horas, por lo menos,,, podremos hacer todo con luz, detrás de la isla siempre está tranquilo, nos tiraremos a dormir el tiempo que queramos, apagamos el ‘vhf handy’, el otro está muerto, ninguna comunicación con prefectura, ni con otros barcos, no es necesaria, ni conveniente, y cuando desaparezcan las rompientes mar afuera, mañana, pasado mañana, chau pampero, arriba los fondeos, ¡bendito seas cabrestante que por primera vez me levarás las anclas!,,, y nos volveremos con el sur, después habrá sudeste, la genoa desplegada nos llevará a buen destino en poco más de treinta horas,,, hasta Dársena Norte, en pleno centro porteño, sanos y salvos, comiendo las últimas latitas, agotados los veinte litros de agua de reserva, descorchado el primer tubo de la semana fondearemos en el antepuerto antes de tomar la amarra en el club.
Así fue.

POST SCRIPTUM:
“Ahí va, según promesa, la historia del viaje, la leyenda del hombre que volvió para rescatar su pasado, escrita por el mismo hombre que aspira a protegerla del olvido.”               
JUAN CARLOS ONETTI  La vida breve, Carta a Stein, II,14

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