lunes, 9 de septiembre de 2013

CAPÍTULO XXXVI - MÁS SOBRE JOSÉ


Volví a los cuadernos con esfuerzo. A Papá también le resultaba difícil avanzar con sus anotaciones. Las abandonó más de dos meses. Su prosa era cada vez menos fluida, elaborada con esfuerzo, como no queriendo caer en un abandono definitivo.
El 9 de julio de 1977 escribe,
hoy por la mañana vuelvo a la casa de Carla y hablo extensamente. Me cuenta que fue hasta el domicilio de la pareja que dijo haber sido obligada a guardar a Toti. Habló con la portera y ésta la acompañó hasta el piso 13° “J”, donde una mujer de unos veinticinco años confirmó haber tenido a Toti por unos días. José y Electra habían estado allí hasta que sucedió lo que sucedió, compartiendo el departamento con ella, su marido, y los dos hijos. Llegaron el 15 de mayo, dos días después de la fecha de la desaparición de Valeria. Hasta allí las versiones coincidían con lo que ya sabíamos, dijo Carla. Me enteré cuando Electra trajo a1 Toti, después de perder el hogar, allanado y destruido el mismo día de la desaparición de Valeria. Ella pasó fugazmente por nuestra casa; José, no. Estaba buscando dónde vivir. A día siguiente llamó. Había conseguido el departamento de un matrimonio joven, con dos hijos, que vivían en el barrio de Palermo. Electra conocía el escondrijo y allí fue con Toti, por su cuenta. De ese lugar los secuestraron pocos días después. Analizando estas palabras, lo que me queda en limpio es que él... No puedo seguir escribiendo, estoy mal.
Más adelante Papá confiesa: “Ahora las cosas están más claras”. Veré si para mí también. Papá reconstruye, con los últimos datos, los hechos que culminaron con las desapariciones de Valeria y de José, sucedidos en un lapso de poco más de quince días. 
El 12 Julio escribió,
el 13 de Mayo de l977, “aparece” Tamara y “desaparecen” Valeria y Ricardo. En la misma fecha, los militares buscan a Electra y José. Al no encontrarlos, destruyen la vivienda. Cuando vuelven, cada uno por su lado, son advertidos del allanamiento por los vecinos. No queda claro dónde pasaron esa noche. La siguiente, Electra, se arriesga a ir a la casa de sus padres, con Toti; se cambia de ropa, y deja allí a la criatura por esa noche. El día 15 de mayo se refugian en el departamento de Bustamante al 2100, donde viven Cacho y su mujer Dina. A Cacho, que trabajó en la Ford, José lo conoció cuando repartía material de propaganda en las fábricas. Se hicieron amigos. En su casa no correrían riesgos, supuso José. Hacía tiempo que Cacho estaba alejado de la militancia activa. Allí se quedarían hasta encontrar una ubicación definitiva. Todo esto lo supe por Augusto, confirmado por Carla.
Carla le propuso a Papá ir a lo de Cacho para escuchar su testimonio personal.
El 10 de Julio Cacho le dijo,
a José lo conocíamos  como Julián y a Electra como Lila. José comentó que en el diario La Nación del 27 de mayo se publicó el Habeas Corpus por la desaparición de Valeria. “Sabía que el viejo no me iba a fallar” dijo José, dijo Cacho. Por esa publicación nos enteramos del apellido de nuestros “huéspedes”, agregó. Continuó: Julián–José me contó el llamado de Valeria pidiendo un encuentro “en la heladería grande”. También, la oferta de un amigo de su papá para sacarlo del país en un avión privado. Opinó que lo de Valeria era su manera de informar que estaba viva. No pienso ir dijo José, dijo Cacho. Ella sabe que no iré. Está claro, es una trampa. Sobre la oferta del avión, dijo que no se pondría en manos del enemigo para salir del país. Cacho sabía que Julián–José estaba trabajando en dos o tres documentos, haciendo “arreglos” para tener una nueva identidad. Dijo que estaba totalmente desconectado de sus superiores y confirmó que saldría del país asegurada la suerte de unos compañeros, por los que respondía. Se lo prometí al viejo, me dijo José. Insistió en que no había que ir al encuentro con Valeria. Pero al día siguiente José viró ciento ochenta grados, dijo Cacho. Primero sostuvo que Valeria nunca pasaría por teléfono un mensaje de esa naturaleza, y menos a la casa de la ex mujer del padre, y casi a la medianoche. Por esa y otras razones no iría. Al día siguiente, no bien se despertó, dijo que había que ir, dijo Cacho que dijo José. Me pidió que fuera yo, y me dio su reloj para que Valeria lo reconociera.
Comentario de Papa,
yo no creo nada de todo esto. José no pudo cambiar de idea al día siguiente. Había sido muy firme -y razonable- su primera visión sobre el mensaje.
Sigue Cacho,
fui a las diez de la mañana, hora habitual de los encuentros en ese lugar, salvo el último que había sido a las cuatro de la tarde. Precisión horaria a la que le daba mucha importancia, me pareció.
Comentario de Papá,
aquí me asalta una duda. Yo recuerdo muy bien que Valeria pidió que fueran a las cuatro de la tarde. Tengo bien presente, además, que eso fue lo que yo le trasmití a Augusto para que le dijera a la persona que iría al encuentro con José. Augusto me dijo que no dio precisión sobre la hora, porque no se había convenido. Acepto que en la tensión y locura que vivíamos en esos días toda confusión era posible.
Sigue Cacho,
cuando volví de la heladería de Hurlingam, fui a la joyería donde trabajo. A eso de las cuatro de la tarde entran tres hombres que se presentan como policías. Tenemos una denuncia que lo acusa de un contrabando de oro, le dicen. No es cierto, revisen la joyería, aquí no hay oro en cantidad. No lo vas a tener aquí, pibe. Acompañanos hasta tu casa. En ese momento estaba con un amigo, a quien le pidieron sus documentos y lo dejaron ir.
He trascripto de modo textual buena parte de lo que anotó. No es mi relato. Sigue narrando Papá lo que Cacho dijo,
en camino a su casa, van a pie porque es muy cerca, ve a tres tipos en la esquina, y luego otros tres al llegar al edificio. Mientras caminaban, le preguntan quién estaba en el departamento. Mi mujer y los chicos ¿Hay alguien más viviendo allí? Recién en ese momento advertí que venían a detener a José y Electra ¿Tuvo algún problema con el propietario del departamento? No. Suben con él seis hombres, tres quedan abajo. Cuando abre la puerta sacan armas. Encuentran en el departamento a los refugiados. Estaban solos. Mi mujer había ido con los pibes a la guardería, revela Cacho. Gritan: ¡Arriba las manos y contra la pared! Se las atan a la a la espalda, también a mí. Le preguntan a José, tirado boca abajo en el piso: ¿Tenés fierros? No.¿“Pepas”? No. ¿Pastilla? ¿Qué? De cianuro. No, de naranja, en el bolsillo, dame una, tengo mal gusto en la boca. No te hagas el gil. Lo patean. Mientras esperan la llegada de mi mujer y los chicos, durante tres horas nos interrogan sin violencia. A mí, en el dormitorio. A José y Electra en el living. En la cocina, el Toti lloraba inconsolable. José declara que es del PRT, responsable de propaganda en zona Norte. Los hombres estaban interesados en saber si eran montoneros, dice Cacho. Al saber que no, medio se decepcionaron, agrega. Los hombres encontraron dentro del forro de una guitarra tres documentos. Uno lo usaba José, a nombre de Pedro Castillo, y otros dos los trataba de arreglar para entregármelos a mí. Me preguntan qué sabía de esos otros documentos. Nada. José reconoce que los puso en la guitarra, sin mi conocimiento. Preguntan quién es un señor Levy. Levy es el segundo apellido de mi mujer. El apellido figuraba en alguna documentación encontrada por allí. A las ocho de la noche llega Dina con los chicos. Poco después nos sacan las vendas de los ojos y nos esposan para llevarnos. Disculpame por haber escondido esos documentos en tu guitarra sin avisarte, me dice José. Dina pregunta qué hace con Toti. Quedate con el pibe, cuando vuelva tu marido te va a decir qué hacer con él. Una vez en la calle, nos meten a los empujones en un Ford Falcon. José grita el apellido de su compañera. Y vocifera: ¡Nos secuestran, nos secuestran!
Comentario de Papá,
supe después que el hijo de la portera contó que detuvieron y golpearon a un señor que estaba en la calle, en la puerta del edificio, se dijo que era un pobre tipo que esperaba que bajara su novia.
Cacho es puesto en libertad tres días después. Algunos puntos para la reflexión señalados por Papá:
1) ¿Es casual que los hombres llegaran con Cacho al departamento mucho antes que Dina con sus hijos y justo cuando sólo estaban José, Electra y Toti ?
2) ¿Es lógico que no la llevaran también a Dina, según la práctica represora en esos días?
3) ¿Es lógico que Cacho, según supe, haya sido liberado tres días después?,
4) ¿Es creíble su afirmación de que recién cuando le preguntaron quién más vivía en el departamento recordara que estaban José y su familia?
5) Después supe que en esos días habían pasado por el departamento los padres de Dina. José no estaba, estaba Electra. Cacho dijo que presentó a Electra como compañera de Dina, de la facultad de Psicología, que estaba transitoriamente allí porque se había separado de su marido. ¿Verdad o versión interesada?, me pregunté. ¿Los suegros le habrán creído? ¿Siguió considerando José segura la guarida después de enterarse de que otra gente pasó por allí encontrando personas extrañas? ¿Que relación tiene este episodio con la pregunta que según Cacho le hicieron los hombres acerca de “un señor Levy?  
6) ¿Es verosímil que José haya cambiado de opinión de la noche a la mañana  enviando a Cacho a la heladería?
7) ¿Es creíble que José corriera el riesgo de enviar al propio compañero que lo albergaba, y le entregara su reloj para que Valeria lo identificara. ¿No previó el riesgo de que lo siguieran y localizaran su escondite?
8) ¿Es creíble que José no exigiera recibir una información inmediata del resultado, esperando lo más tranquilo el regreso de Cacho mientras éste iba a su negocio sin informar de inmediato el resultado de la gestión?
9) Cacho dijo que se sorprendió al encontrar a José viendo televisión cuando entró con los hombres, pues “no pensaba que estuviera allí”. ¿Dejaron sin planear el accionar posterior para ayudar a Valeria después del encuentro en la heladería?
10) ¿Es o no casual que hayan secuestrado a José el mismo día que Cacho dice haber concurrido a la heladería?
11) ¿Los hombres sabían o no a quién iban a secuestrar?
12) ¿Por qué los hombres prometieron que a Cacho lo dejarían volver? Tan seguros estaban que le dijeron a Dina, “quedate con el pibe, cuando vuelva tu marido, te va a decir qué hacer con él.”   
13) ¿Qué sugieren las preguntas sobre quién es Levy, si había problemas con el dueño del departamento, y la presunta decepción al saber que no eran montoneros?
14) ¿Por qué gritó el apellido de su compañera y no el suyo, según dijo el hijo de la portera?
15) ¿El “pobre tipo”, era un pobre tipo?

Hay en todo este relato un montón de oscuridades que Papá sutilmente marca formulando preguntas. Las preguntas incluyen hechos, situaciones, que no figuran en el texto principal, ninguna de importancia fundamental, detalles más bien marginales. Las transcribo tal cual las anotó. Me parece que no quiso profundizar más y siguió su rutina de registrar los hechos con la espontaneidad del momento. No he visto hasta ahora, ni más adelante, que haya vuelto sobre este tema. Puede entenderse entonces que sólo quiso escribir una mera crónica. Sin embargo encontré entre sus papeles algunos testimonios, que para algo habrán sido guardados. Unos ante la Comisión Nacionalsobre la desaparición de personas, CONADEP. Otros son actas judiciales, que se refieren a algunos de los hechos que Papá registró en sus cuadernos. No sé si en algún momento pensó hacer algo con estos antecedentes; analizarlos, cotejarlos con lo que escribió. Una tarea que yo no haré. No es el propósito que me llevó a encarar este trabajo. A mí sólo me interesa exponer el contenido de estos cuadernos y el punto de vista que reflejan, con la visión de Papá en el momento de ocurrir los hechos. Cómo él los vio, cómo él los vivió, cómo él los sufrió, cómo él los anotó. Vuelco el texto vivo trascripto  literalmente, respetando el contenido y las formas. Papá fue quien fue en esos años. Otra persona. Bastante diferente a la que yo conocí. Por lo que aquí he visto, la vida le enseñó mucho.
Voy a concluir este capítulo incluyendo un dato que Papá me dio en alguno de nuestros coloquios. Cacho habla de un documento que José tenía a nombre de Pedro Castillo. Esa fue la última identificación “oficial” (¿falsificada, robada?) utilizada por él. El Toti había sido anotado en el Registro Civil con el apellido Castillo. Así constaba en la partida de nacimiento. Papá me contó que él, como abogado, hizo un juicio de rectificación de partida, trámite que no fue fácil y llevó bastante tiempo. Finalmente fue anotado en el Registro Civil con su legítimo nombre y el apellido paterno. Fue en el año 1980, aproximadamente. Me dijo que entre sus papeles estaba la copia de ese expediente. Por aquí estarán.

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